martes, 26 de marzo de 2013

El tiempo me marchita.



El café de esta mañana me ha sentado mal, tal vez sea porque ya no estás. Quizá porque verte de espaldas fumando en mi ventana era el mejor de los paisajes mientras aquellos gránulos de ardiente café se colaban por mi boca. O para que engañarnos, era el polvo de después sobre la encimera,
No sé si fue como un sueño o como una canción que pasa de moda. Da que pensar que te fueras sin avisar, y sin besarme en la frente como despedida.
La rosa que me regalaste aquella noche aún sigue en la mesita. No se quien esta más marchita. Tarde o temprano sabia que te marcharías, dejando a esta mona con mono de ti  permanente y constante.
Siempre conseguías que tu desnudez provocase mi drogadicción, el colocón que te convertía y te ha convertido en mi necesidad.

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